Hay una escena que algunos pocos vecinos de Belgrano -aunque la condición de vecino no es por supuesto imprescindible- recordarán, ya sea porque la protagonizaron o bien porque la vieron protagonizada por un tercero. Durante un tiempo, la librería que funciona ahora en el local pegado a la parroquia de San Benito estaba un poco retirada al fondo, en una construcción escasa a la que se llegaba por un sendero. En el ambiente en el que moría el sendero, había, aparte del libro buscado (y casi siempre encontrado) un ventanal a la antigua abadía. Había que quedarse mirando. Era la única noticia de ese lugar inaccesible y un poco secreto, y aun esa noticia se había vuelto después imposible porque la librería quedó incluida en el local que vende dulces y quesos artesanales. En cualquier caso, ya no hará falta ir a ninguna librería para mirar por la ventana. Con el nombre de La Abadía. Centro de Arte y Estudios Latinoamericanos, ese espacio entrevisto, con puerta hacia la esquina de Gorostiaga y Luis María Campos, será público a partir de octubre, aunque ya la semana que viene, antes de la inauguración, será una de las sedes del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires (Filba).
El proyecto fue de la Familia Sodálite, y se trabajó en el edificio para permitir su nueva función sin afectar el patrimonio arquitectónico. De los 5000 m2 del antiguo monasterio se refuncionalizaron ya de 1000 m2, que corresponden al primer piso, con 5 salas para exposición artística, un auditorio para 120 personas y una biblioteca. Todo esto sin contar el jardín, que era el corazón de la abadía y lo es también del nuevo centro. Sebastián Blanco, director de La Abadía, lo resume así: "Así como se respeta el espíritu monacal, se respetaron los materiales originales. Tratamos de que la vida contemplativa del monasterio sirva ahora a una misión apostólica. El proyecto de La Abadía tendrá un fuerte compromiso social".
