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domingo, 28 de marzo de 2010

La Llegada

20 de marzo de 2010
Qué noche, muchachos, los que estuvimos ahí!
Abrazos, bromas, amistades fortalecidas, todo lo que representa el reencuentro de personas que han descubierto que siempre, siempre estuvieron unidas por “algo”.
En ese “algo” debería estar pensando Monseñor en su fuero íntimo. Yo creo que si anoche uno hubiera podido penetrar dentro de su mente, habría podido detectar el dibujo de una palabra síntesis: LLEGADA. Posiblemente sea la expresión que mejor nos sirva para interpretar lo sucedido.
Porque Monseñor, hace ya más de 52 años, trazó para su vida una línea recta, con dos puntos definidos: un punto de PARTIDA, y un punto de LLEGADA. Y nunca se apartó ni un milímetro de esa férrea línea recta.
La PARTIDA, él lo dijo anoche, fue la instrucción de Monseñor Laffite: “Padre, busque ya una casa”. En esa partida había valores, filosofías de vida, principios rectores, conductas inalterables, actitudes no negociables. Eso estuvo siempre clarísimo.
Pero yo me he preguntado muchas veces en estos últimos años: en qué consistía la LLEGADA, cuándo íbamos a poder decir “LLEGAMOS”? Cómo hubiera descripto Monseñor en su intimidad la LLEGADA hace 10, hace 20, hace 30, hace 40 años? Seguramente podríamos anotar escenarios diferentes, circunstancias diferentes, entornos diferentes, porque son muchas las cosas que le han ocurrido a la Obra a lo largo de esta prolongada historia de éxitos y de sinsabores, de estímulos y de dificultades. Pero entretanto, con el fluir de los años, el simple transcurrir de la vida misma iba amasando pacientemente esa LLEGADA.
Y de pronto lo de anoche... Todas las miradas convergiendo en Monseñor, y entonces surge espontáneo, incontenible, irreverente, el “dale Cholo, dale dale Cholo!”… Qué momento, muchachos!. Confiesen: a quién no le aflojaron los lagrimales?
Supongo que habrá sido allí en que debió iluminarse el espíritu de Monseñor: “finalmente…era esto la LLEGADA!”. Ni más ni menos que esto: nada espectacular, nada aparatoso, nada de grandes títulos honoríficos, nada de reconocimientos institucionales, nada de eventos multitudinarios. Ochenta personas, ochenta hermanos, abrazados entre sí, ochenta pares de ojos mirando fijamente a Monseñor, como diciéndole “gracias!”, simplemente “gracias!”… No hacía falta nada más. Ahí estaban sus hijos, gente grande, pero para ellos los años no habían transcurrido, los abrazos y las chanzas a diestra y siniestra así lo atestiguaban.
Me parece que desde anoche, Monseñor habrá comprendido que ahora comienza el recorrido de un todavía largo, venturoso – y aun capaz de sorprender – camino de LLEGADA. Porque todavía necesitamos ampliar la convocatoria, porque es seguro que muchos cientos más se van a incorporar a esta “renovada intimidad” entre todos nosotros.
Y a partir de sus 84 años tan frescos, tan vitales, Monseñor lo va a ir observando todo, lo va a ir monitoreando todo –como siempre, eso nunca va a cambiar!-, nos va a ir animando a que profundicemos esto que los miembros de un par de “generaciones visagra” han logrado concretar tan meritoriamente.
Gracias a ellos esa continuidad se prolongará hacia atrás, incorporando a más “históricos”, y hacia delante, sensibilizando a las generaciones posteriores. Monseñor lo dijo anoche: la Obra es él, por cierto, pero la Obra también somos nosotros, porque, como se suele decir, sin líder no hay equipo, pero sin equipo no hay líder.
Será porque adivinó lo puro, lo simple y a la vez sublime de la LLEGADA, será porque el mensaje de San José ha sido tan claro, que Monseñor nos tuvo que asustar al retirarse, con ese bajón (que no tiene explicación médica, aunque la haya) producido por los decibeles a la máxima escala de Richter que nuestro afecto ha instalado anoche en su alma.
Alfredo Pérez Alfaro

1 comentario:

  1. Cómo no va a ser emocionante! Sin haber ido lo leo y me emociono desde casa! Monseñor debe haber tenido en todos estos años muchas, nunca suficientes, muestras de gratitud, pero no creo que una como la que leo acá. Y más ganas de haber estado ahí siento.
    No sé si conoceré a alguno de los que estuvieron (sí a Juan Espeso), pero me siento parte, porque esto lo podría haber escrito cualquiera de los miles (miles! suena fuerte, eh?) que alguna vez vivieron en la Residencia, y sería lo mismo: un grupo de amigos/hermanos con algo muy grande en común.
    Un abrazo y gracias por haber hecho esto.

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