LISTADO DE VINCULADOS

Al pie del Blog puedes consultar la lista de direcciones de mail de ex residentes, a la que se van agregando continuamente nuevos datos.
Por favor enviar novedades al mail de la Fundación o al de Pérez Alfaro
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Concurrentes al Blog

lunes, 29 de agosto de 2011

Condolencias de Marcelo Cifuentes

Cuánto lamento el fallecimiento de otro santo varón, como lo fue Monseñor Paiva, y también el de Santiago Goldenberg, de Chivilcoy, con quien compartimos varios años de convivencia. Parece que el Señor necesita una residencia universitaria en el cielo, sin duda se llevó a los mejores. Estimado Alfredo, estoy a disposición por si se tiene la idea de seguir con nuestra casa o abrir otras. De más está decir que estoy dispuesto a devolver los beneficios del bien común en esa comunidad organizada. Cuenten conmigo. Un abrazo.-

Monseñor Jorge Paiva. Publicación de AICA

Buenos Aires, 26 Ago. 11 (AICA)
El miércoles 24 de agosto falleció en esta capital monseñor Jorge Paiva, meritorio sacerdote del clero porteño de 84 años de edad y 59 de vida sacerdotal, primer párroco del clero diocesano de San Benito Abad. Las exequias fueron presididas en esa parroquia por el flamante arzobispo de Tucumán, monseñor Alfredo Horacio Zecca, y sus restos mortales recibieron sepultura en el Panteón de la Asociación Eclesiástica de San Pedro-Mutual del Clero, en el cementerio de la Recoleta.

Monseñor Jorge Enrique Paiva nació en Bahía Blanca el 23 de mayo de 1927. Tras concluir sus estudios primarios y secundarios, en 1945 ingresó en el Seminario Metropolitano de la Inmaculada Concepción, de Villa Devoto, Buenos Aires donde cursó los estudios eclesiásticos. Recibió la ordenación presbiteral de manos de monseñor Antonio Rocca, en la iglesia del Seminario, el 19 de septiembre de 1953. Tras su ordenación, en 1954 fue nombrado vicario cooperador de la parroquia San Juan María Vianney; de 1954 a 1957 ejerció el mismo oficio en la parroquia San Cristóbal, y de 1958 a 1959 en la parroquia Nuestra Señora del Pilar.

De 1959 a 1965 se desempeñó como auxiliar de la Curia Metropolitana, y en 1960 fue designado capellán segundo del colegio San Ildefonso (Guise 1945). De 1965 a 1869 estuvo a cargo de la parroquia Natividad de María, en el barrio de Barracas, en calidad de Vicario ecónomo, y de 1968 a 1969 se desempeñó como Decano del Decanato Nº 1 “Boca-Barracas”. En 1969 fue designado secretario de la Vicaría de Belgrano, cargo en el que permaneció hasta 1973. En 1974 fue nombrado capellán del colegio de las Esclavas del Sagrado Corazón.

Durante nueve años, de 1972 a 1981 se desempeñó como vicario ecónomo de la parroquia San Benito Abad; y por diez años, de 1981 a 1991, párroco del Patrocinio de San José. Durante este período, de 1985 a 1989, fue designado decano del Decanato Nº 3“Norte”. Otros cargos que desempeñó fueron Juez del Tribunal Eclesiástico Interdiocesano Bonaerense (1988 a 1991); capellán castrense (1991 a 1999): rector de la catedral Castrense (1995 a 1996). En 1991 se trasladó a San Miguel de Tucumán, donde, llamado por el arzobispo Mons. Horacio Bózzoli, se desempeñó en la curia arzobispal tucumana hasta 1994.

El último cargo fue el de director de la Sede “Senior” de la Residencia Universitaria San José. El 27 de septiembre de 1991 el Santo Padre Juan Pablo II lo distinguió con el título pontificio de Prelado de Honor de Su Santidad.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Fallecimiento de Monseñor Jorge Paiva

El Consejo de la Fundación Universitaria San José cumple con la penosa misión de comunicar que en el día de la fecha, miércoles 25 de agosto, se ha producido el fallecimiento de su Vicepresidente, Monseñor Jorge Paiva, quien venía sufriendo un delicado estado de salud.
Monseñor Paiva estuvo siempre presente en nuestra Obra, de muchas maneras, y en especial desde la entrañable amistad y afecto que lo unía a nuestro fundador, Monseñor Angel Maglioco.
El velatorio se efectuará en la Parroquia de los Benedictinos, junto a nuestra ex residencia de la calle Gorostiaga, en el horario de 21 a 24. En el mismo lugar tendrá lugar mañana la Misa de cuerpo presente, a partir de las 10 horas. Nuestras oraciones y nuestro eterno agradecimiento a su humildad, su prudencia y su constante apoyo.

Fallecimiento de Santiago Goldenberg

Con profunda congoja nos hemos enterado del fallecimiento en el día de ayer, 23 de agosto, del ex residente Doctor Santiago Goldenberg, en trágicas circunstancias, como ya es de dominio público. Santiago, conocido médico cirujano, era oriundo de la ciudad de Chivilcoy y tenía 52 años.
Construyamos entre todos una fuerte cadena de oración, rogando al Señor que le conceda en la otra vida la paz y la serenidad de la que no pudo gozar entre nosotros.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Ecos del primer mes aniversario

Querido Juan Manuel, espero tres cosas, que sea este tu correo, que me recuerdes y que me perdones por haberte elegido.-
Casi treinta años que no te veo, imagino y estoy seguro seguis igual en tu integridad y empuje. Algo sé tuyo por alguna noticia en internet sobre tu asistencia a congresos, por haber salvado la vida a un político de Río Negro que hace unos años me mandó tus saludos ( si se enteran en mi provincia que fuiste vos se te enojarán, y mucho ), y por supuesto que has tenido varios hijos por haberte leido en la triste necrológica de La Nación de hace un mes, creo que concordamos con algunos nombres de ellos, tengo dos hijos, José Francisco de casi 18 y María Luján de casi 15.-
Juan, hay duelos de los que no puedo superar su primera etapa, la de negación de no ver más fisicamente a quien ya no nos acompaña, mi señor padre, algún amigo del alma, y ahora del Cholo, quien un buen día, me recibió sin saber quien era yo ni mi familia ni mi pueblo, con su inmensa sabiduría me habrá visto tan solo y perdido que tuvo compasión y a partir de un 4 de noviembre de 1.976 - nunca olvidaré esa fecha - integré una comunidad inimaginable para mí hasta entonces. Para dicha época, si mal no recuerdo estabas en la dos del ala de abajo con Gustavo Manrique y no recuerdo quien más, los Gustavos de Chivilcoy en la uno, yo empezé en la 10, y de entonces no me quise ir más, hasta, ya recibido, diciembre de 1.983 en que volví a mi Cipolletti quierido; fue una etapa hermosa de mi vida, como estimo la de todos quienes vivimos en la RUSJ.-
Etapa la cual me permitió crecer, conocer de grande al Señor, amigos maravillosos y sobre todo, a una Personalidad como la de Monseñor el cual, cono solo mirarte sabía que te pasaba y que consejo necesitabas.-
Fueron tan profundos los años vividos que me costó volver a la Residencia, mantener vínculos y expresar mi agradecimiento por mi paso en la Casa. Hace ya algunos años, mantuve una entrevista con Monseñor y no tuve necesidad de contarselo porque El ya lo imaginaba y presentía - como nos conocia y recordaba !! ., me fuí con mucha paz por la vuelta, con sus deseos venturosos para mi familia, me contó de varios ex residentes que lo acompañaban, lo cual me alegró enormemente.-
Siempre he guardado en mi corazón y espíritu mi paso y vivencias por la Residencia, cuantas decisiones de las importantes en la vida habré tomado pensando que me sentía aconsejado, guiado y acompañado por todos sus integrantes, por más que fisicamente no hayamos continuado viendonos, estoy eternamente agradecido que a partir de ese cuatro de noviembre Monseñor me haya enseñado otro camino, limpio, iluminado y que me brindara la paz necesaria para crecer en la fé y en la vida.
Perdón por mi egoismo, entreteniendo tu tiempo, deseaba compartir mis lágrimas con alguien, lo extraño al Cholo, desde el día que me fui de la Residencia y más aún ahora que ha partido a la otra Casa, la Merecida y Eterna; como a todos ustedes, mis hermanos del alma a quienes conocí gracias a El.-
Un fraterno abrazo para vos, para todos y sus familias, espiritualmente juntos el 17 en su Misa, oración y recuerdo.-
Raul Fernando Santos

martes, 17 de mayo de 2011

17/5/2011. Misa conmemorando el fallecimiento de Monseñor Maglioco

HOMILÍA DE LA MISA EN MEMORIA DE MONSEÑOR ANGEL JOSÉ MAGLIOCO EN EL PRIMER MES DE FALLECIDO
"Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas". (Jn 10, 11)

En estos días posteriores a la Pascua, la liturgia nos trae para la meditación aquellas palabras del Evangelio de Juan "Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas". (Jn 10, 11). ¡Qué oportunas resultan al recordar en este día, a un mes de su fallecimiento, al queridísimo Mons. Maglioco! El pastor bueno, recto, y a su vez sensible y afectuoso, que a lo largo de su existencia, en las cosas más sencillas y en las horas cruciales para la vida de muchos de nosotros, dio muestras de intensa vida sobrenatural acompañándonos como el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas.
Con su espíritu de hombre bueno, decidido a mirar la realidad y las personas que el Señor le encomendaba desde los ojos de Dios, y a amarlas desde su corazón paternal, puso la mano en el arado del Sacerdocio Católico sin mirar atrás, permaneciendo siempre fiel, y convirtiendo en signo de su vida pastoral la entrega silenciosa, imitando a San José, a quien enseñaba a amar devotamente. Y así se lo concedió el Señor a este hijo suyo Ángel José, que al constatar que su vida se apagaba, quiso sin embargo, continuar con sus manos en el arado hasta el último día en el servicio de las almas en la Residencia Universitaria San José, esperando sólo la recompensa de quien ha combatido el buen combate, el contemplar a Dios en su gloria. “Siervo inútil eres, cumples con tu deber”, nos repetía siempre y hoy nos queda su ejemplo.
Dentro de sus enseñanzas sobre el sentido de la vida y el fin que se debe procurar en ella aparecen las palabras de san Agustín que gustaba utilizar en sus diálogos con los Residentes, y que hoy resuenan una vez más en nuestro interior: «Nos hiciste, Señor para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que no descanse en Ti». O al modo de San Pablo: “Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor» (Rom 14, 7-8). Ante el misterio de la muerte, para el hombre que no tiene fe parece que todo se pierde indefectiblemente. Y sólo la palabra de Cristo es la que ilumina el camino de nuestra vida y confiere sentido a cada uno de sus momentos. Que esa fe profunda de Monseñor Maglioco en la Resurrección y la Vida Eterna hoy nos llenen de esperanza como aconteció en su vida, especialmente en estos últimos años. Que en nuestro último día, con la Gracia de Dios, podamos repetir con él lo que nos decía al enterarse de la partida hacia la Casa del Padre de "Pancho" Macaya y que seguramente ha estado en sus labios en sus últimos momentos: "Creo que mi Redentor vive y que en el último día he de resucitar, y con mis ojos veré a mi SALVADOR" (de la liturgia de Difuntos). Amén
Pbro. Oscar Ángel Naef

domingo, 15 de mayo de 2011

Comunicación del Consejo de Administración

En su reunión del 12 del corriente, el Consejo de Administración de la Fundación Universitaria San José ha adoptado las siguientes resoluciones:

Atento a lo sugerido por el Vicepresidente en ejercicio de la Presidencia, Monseñor Jorge Paiva, y por el Vocal Arquitecto Adolfo Garay, se ha designado Presidente Honorario Post Mortem de la Fundación a Monseñor Angel José Maglioco.

Luego de conocerse la decisión del Vicepresidente en ejercicio de la Presidencia Monseñor Jorge Paiva, en el sentido de resignar su cargo de Presidente por razones de salud, ha asumido como tal, de acuerdo con el Estatuto de la Fundación el Secretario Doctor Juan Manuel Telayna, quien a su vez, con el beneplácito de los restantes miembros, procedió a designar nuevamente como Vicepresidente a Monseñor Jorge Paiva.

Atento a las razones invocadas, se ha aceptado la renuncia del Padre Oscar Naef al cargo de Vocal que venía ejerciendo, sin perjuicio de la continuidad de sus otras funciones habituales.

Ya en ejercicio de la Presidencia, el Doctor Juan Manuel Telayna ha convocado a una próxima reunión del Consejo de Administración, donde se procederá a cubrir los cargos vacantes de Secretario y Vocal. El Consejo de Administración queda por lo tanto integrado de la siguiente manera:

Presidente Honorario: Monseñor Angel José Maglioco.

Presidente: Doctor Juan Manuel Telayna.
Vicepresidente: Monseñor Jorge Paiva.
Tesorero: Doctor Juan Manuel Espeso.
Vocal: Doctor Gustavo Ferrari.
Vocal: Arquitecto Adolfo Garay.
Vocal: Doctor Alfredo Pérez Alfaro.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Misa de recordación a Monseñor Maglioco

El Consejo de la Fundación Universitaria San José invita a todos a la Misa a celebrarse en la Iglesia de Nuestra Señora de Luján Castrense, en memoria de Monseñor Angel Maglioco, con motivo de cumplirse el primer mes de su fallecimiento.
La misma tendrá lugar el próximo Martes 17 de mayo, a las 19.30 horas.

Unidos en El Señor.
Consejo de la Fundación

domingo, 1 de mayo de 2011

Ecos de la despedida

1ro. de Mayo. Estimado Alfredo, anoche te mandé un correo para que, en la seguridad que te sería más fácil retransmitirlo a los residentes (yo no tengo cargadas la direcciones de la mayoría de ex y residentes actuales y soy medio analfabeto en informática) y que aprovecharan este Domingo de la Divina Misericordia para encomendarlo en la Misa dominical con comunión e Indulgencia Plenaria... Qué otra cosa puede haber de más provecho para Monseñor y sus afectos, que saber desde la Gloria que siguen en sintonía con él? No lo pude enviar como hubiera querido y gracias a vos le llegarán nuestros sufragios por su alma como manifestación de nuestro cariño. Un gran abrazo.
Victor Fleming

30 de abril. Estimado Alfredo, te pido hagas llegar esto a todos los residentes y ex residentes que conocimos y quisimos a Monseñor, agradecidos con su recuerdo, que no escatimó esfuerzos para hacer de la Residencia un lugar de formación, no solo universitaria, sino humana, para que integrándonos fuésemos enriqueciéndonos con nuestros aportes recíprocos.
El Domingo de Ramos se nos fue, así podríamos asociar la fecha de la Semana Santa con este Domingo “In Albis”, el primero después de Pascua, día de la Divina Misericordia.
Apliquémosle a Monseñor las indulgencias plenarias concedidas en este día a nuestro tan querido Padre Maglioco, que nos agradecerá y retribuirá con creces desde el cielo, con la generosidad que siempre tuvo, esta gracia infinita que quienes no lo olvidamos suplicamos de Nuestro Señor para su alma. Este Domingo estaremos espiritualmente unidos, en Misa, encomendando a nuestro Padre Maglioco y ex residentes fallecidos. Con un sentido abrazo.
Victor Fleming

30 de abril. Alfred, excelente el Blog. Es una Brisa que infla nuestras Velas personales, de cada uno, para cumplir nuestros destinos inspirados en las Bondades de esa persona inmensa que fue nuestro querido Monse.
Armando Mairal (Co-Fundador RUSJ)

sábado, 30 de abril de 2011

La Despedida

Querido Monseñor. Querido “Cura”. Querido “Angelito”. Querido “Cholo”. Así lo fuimos nombrando sus sucesivas generaciones de hijos. Ahora, últimamente, era solo “Monseñor”. Así: Monseñor. No hacía falta más. Ese “Monseñor”, dicho con respeto, con reconocimiento, con unción, aunque no con distancia, marcaba una realidad cada vez más palpable.
Es que usted se había convertido en una suma, en un ícono, en una síntesis de muchas cosas: la vigencia de la Obra, sus principios de toda la vida, su contacto con las intimidades de tantos de nosotros, su fe en el futuro, su entereza ante los malos momentos, todo venía a concluir en un ser humano de dimensiones que ahora, al dejarnos, comenzamos a medir con mucha mayor precisión.
Hace algo más de un año, en aquel homenaje tan sentido (algunos lo llamamos “La llegada”, recuerda?), usted vibró hasta el infinito con tanto afecto, con tanta ternura expresada por quienes le decían simplemente “Gracias!”. Sin ceremonias, sin formalismos, ahí estaba su recompensa a tanto empeño, tanto amor, tanta humildad y tanta constancia. Y ahora nos deja, ahora está allí, en lo más alto, mano a mano con El Señor. Fiel a su estilo, no compartió con casi nadie la realidad lacerante de una salud que solo presagiaba un final inevitable. Ahora lo entendemos, ahora lo comprendemos, Monseñor: usted sabía que se iba! Y se la bancó.
Los que tuvimos la fortuna de estar con frecuencia a su lado en los últimos tiempos, lo veíamos entero, notablemente lúcido, picante, detallista extremo –como siempre-, preocupado por lo grande, pero también por las cosas de todos los días. O acaso no se dedicó durante todo el verano a escuchar y catalogar con su santa paciencia una a una las decenas de charlas y alocuciones de muchos de nosotros grabadas en aquel famoso Geloso?. Estaba recorriendo la historia, su historia. Y sus llamadas alertando sobre las apariciones de Gustavo en la TV y la radio?. Porque finalmente no le disgustaba que los católicos entremos a la política eh?… Tanta polenta nos hizo descartar por completo la idea de que un día llegara a faltarnos. Y quizás será por eso que ahora, ante esta realidad tan dolida, estemos todavía shockeados, atontados, no entendiendo bien lo que nos pasa.
Es que usted se lleva consigo enormes partículas de nuestras vidas, Monseñor. Lo suyo es Cristo, es la Obra, es la Fundación, pero también somos cada uno de nosotros, cada individuo, cada familia, cada hijo, cada nieto, cada éxito, cada sinsabor, en fin, cada circunstancia, miles de circunstancias. Todas, todas en su cabeza y en su corazón, una por una. La cosa no era “entre usted y todos nosotros”, era “entre usted y cada uno”. Y así, con el transcurrir de los años, fuimos integrando nuestra propia persona al tamiz, al filtro, al bálsamo de sabernos “vistos” por alguien muy amado pero también muy “amador”, muy “comprendedor” de lo bueno… y muy “perdonador” de lo no tan bueno.
Es por eso que se lo aprecia Monseñor, es por eso que se lo va a extrañar horrores. Porque para quienes pudimos gozar de su presencia, cada hito de nuestras vidas ha ido teniendo algún contacto con usted, con sus gestos, con sus palabras, con sus silencios, que también los hubo, con sus broncas, que también las hubo. Esto es muy íntimo, cada uno sabrá dónde “le aprieta el zapato”. Porque sucesivas generaciones de residentes han ido coincidiendo en el tiempo con las diferentes estaciones de un prolongado viaje de ida. Muchas estaciones en 52 años… Y en cada estación estaba usted…
Todo comenzó allá en Rodríguez Peña 640, se acuerda?. Se acuerda de la habitación “obispal”, la del empapelado color púrpura, habitada por un “privilegiado”? Usted, un curita joven, 31 - 32 años, casi desconocido, algo tímido, venido del Santísimo Sacramento, que se animaba a compartir con algunos su sencillo proyecto: organizar a su gusto y paladar una nueva residencia universitaria. Hasta que por fin su Obispo, de tanto insistirle, le había dicho: “busque ya una casa, Padre”. Y confiando en San José (el que más ayudó, sin duda) comenzaba la aventura: Zavalía 2048, alquilada a un paisano que comprendió cabalmente la importancia de la obra que comenzaban a emprender “esos católicos optimistas”. Un caballero, recordado siempre con afecto y estima por usted. Su buena voluntad facilitó muchísimo una difícil –y casi imposible- operación.
Y allí aterrizamos algunos, allí transcurrió aquella primera noche de colchones en el suelo, allí fueron llegando los primeros habitantes de un sueño que se hacía realidad. Se acuerda de los mendocinos? Primer decreto de “necesidad y urgencia”: abolición de las manteadas, que eran despiadadas en Rodríguez Peña (algún día se podrán contar algunas anécdotas desopilantes), a su vez heredadas de Ayacucho 1266 (esto es ya la prehistoria). Y nuestras novias? “Recomendación” de no asistir a ceremonias y reuniones con minifalda!.
Claro que muy de a poquito, aunque en forma consistente, las cosas fueron flexibilizándose. Y se fue consolidando una cultura, un shafu, un “pertenecer” que marcó a fuego todo lo que vino después. Y fueron apareciendo las legendarias “subculturas de piso”, proximidades personales que ayudaron a construir esas amistades indestructibles que constituyen hoy por hoy el más preciado tesoro de la Obra… y de su corazón.
Y así, a partir de Zavalía 2048 se fueron sucediendo los años, se fueron sucediendo sus compañeros en la fe: Padre Martinoia, Padre Podestá, Padre Oscar… y aquellas citas con usted y la copita de licor de huevo de por medio (señal de una levantada en peso en puerta); aquellas listas donde a veces, muy a su pesar aparecían las dos fatídicas letras: “NR” (unas cuantas veces desactivadas); aquellas “sus” misas donde usted, con esos ojos saltones mirando a todos, mirando a San José, bajaba línea de manera contundente; aquellas travesuras y picardías que ningún decreto podía abolir (pero usted bien sabía –y se la bancaba- que no lidiaba con santitos inmaculados, verdad?).
Y fueron apareciendo los primeros egresados, los primeros casados, los primeros ex residentes, y más, muchos más, finalmente una catarata de vidas cumplidas, de sueños logrados, de amistades cristalizadas, y todo eso alrededor suyo Monseñor, se da cuenta? usted era el eje! Cada San José era para nosotros como un 25 de mayo; congratular, agradecer y pedir, esa era su estrategia, y bien que la ejecutaba a carta cabal.
Y desde allá arriba, desde el escritorio de San José, donde usted gestionaba todos los trámites, llegó su primera recompensa: no recuerdo bien qué pases mágicos ocurrieron debajo de su sotana, pero el hecho es que el Maná fluyó desde la Iglesia Alemana: una jugosa donación que nos permitió la compra nada menos que de la casa de O´Higgings y Mendoza. Ya teníamos una casa propia! Tampoco recuerdo con detalles cómo se las ingenió (habrán sido sus genes genoveses?) pero unos años después la casa, hoy declarada de interés cultural por la el Gobierno de la Ciudad, fue finalmente escriturada a nombre de la flamante Fundación Universitaria San José.
Había muchas razones que aconsejaban la creación de la Fundación. La más importante, su deseo de lograr para la Obra una autonomía institucional, financiera y administrativa que la colocara lo más lejos posible de los avatares y circunstancias del entorno. Vaya objetivo! Y no menos importante, integrar a la suerte de su proyecto a ex residentes de su confianza, procurando echar las raíces de una continuidad, siempre acompañados por su entrañable hermano en la fe y amigo de toda la vida: Monseñor Jorge Paiva. Junto a él corresponderá ahora a los más maduros apuntalar a los más jóvenes en la difícil tarea de encarnar su herencia. Ellos tienen la madera y la fortaleza de espíritu necesarias para lograrlo.
La Obra crecía, usted la administraba muy bien, -la gerenciaba!- como el mejor de los contadores (le confieso que a veces a sus “colegas” nos daba un poquito de celos verlo manejar números, estudiar decisiones, lidiar con el personal, decidir inversiones, con una soltura y precisión digna del más experimentado CEO).
Y de pronto, mágicamente, aparece la Quinta San José. Otro “regalo” de los de arriba que tanto lo mimaban: un cliente del estudio dispuesto a desprenderse de su propiedad en San Miguel, un lote con casa, pileta y cancha de bochas (una cuarta parte de la actual superficie de la Quinta). Don Pierino Stefanatto, maestro mayor de obras, bellísima persona, firmó la escritura… a nombre de la Fundación, por supuesto. Siete mil pesos de aquel tiempo, creo recordar. Así se invertían los primeros dinerillos ahorrados. Hubo que actuar con bastante firmeza para desalojar a sus caseros ocupantes. Siempre, de sillón a sillón, recordábamos sonriendo con usted nuestra llegada con Buby en una camioneta desvencijada, a cargar los trastos y sacar a los ocupas. Tuvimos suerte, salió todo bien.
No le incomoda si le digo que la Quinta fue su obsesión, su karma, su “criatura” preferida?. Para usted era el “pulmón” que coronaba la Obra. El lugar donde ex residentes y residentes convivieran, se conocieran, mezclaran sus familias, consolidaran la “cultura San José”. Por eso es que no le tembló la mano –ni la billetera- para refaccionarla, para adquirir otros lotes, para agregarle las canchas de tenis y paddle, para embellecerla. Artífices de esa revolución edilicia? Todos los conocen: dos arquitectos de lujo (Alfredito y Adolfo), que han sabido sobrellevar con cristiana paciencia sus meticulosas instrucciones.
Eran conocidos por todos los “martes eclesiásticos”, curas amigos que allí se reunían con usted a matear (y dormir la siesta?) para buscar una vez por semana un alto en sus tensiones y deberes. Últimamente ya no había forma de convencerlo para visitarla. “Ya no estoy para esos trotes” “Tengo mucho que hacer aquí, si yo no estoy, decime quién lo va a hacer”. Excusas que disimulaban sus limitaciones ante el mal trance que su salud le estaba proponiendo.
Ya lanzada la Obra a la expansión, un nuevo sacudón iba a producirse. La demanda de plazas en la Residencia era creciente, era necesario ampliar las prestaciones. Y apareció la posibilidad de alquilar a los monjes benedictinos el amplio solar ubicado en la calle Gorostiaga. Ideal. Estupendo. Espacio para muchos más residentes. Fue impresionante, Monseñor, asistir a todo lo que usted concretó allí. Se dedicó a ello en cuerpo y alma. Otra vez nuestros pacientes arquitectos, convocados para mejorar, para ampliar, para ajustar, para convertir el lugar en una opción ejemplar, capaz de albergar con comodidad a decenas de jóvenes. Visitarlo en Gorostiaga nos entregaba la imagen de alguien legítimamente orgulloso de lo logrado. Cómo gozaba usted de esa realidad, de ese cruzarnos en los pasillos entre los “dinosaurios” visitantes y los nuevos residentes. Y aparecen en el recuerdo aquellas cenas tan conversadas, tan gozadas, aun en medio de algunas discusiones que supieron aparecer.
Lamentablemente, no terminó bien esa experiencia. Lo sucedido con Gorostiaga pasará por la historia de la Obra como una fea página de sinsabores, insensibilidad y dolorosas presiones que lo consumieron, Monseñor, que literalmente le acortaron la vida, aunque al mismo tiempo le dieron la posibilidad de aplicar todas sus virtudes, toda su bondad, toda su capacidad de perdonar, frente al oscuro entramado de intereses que generó tan incomprensibles actitudes, tantas indiferencias.
Bien sabemos que muchos ex residentes fueron protagonistas de la defensa. Como movidos por un resorte, “sus muchachos” se pusieron a su lado, sin limitaciones, y no sin esfuerzo lograron arribar a un final ordenado. Era el tiempo de dar luego de tanto recibir. Y no le fallaron. No dejaba usted de nombrarlos, de expresar su eterna gratitud hacia quienes supieron contenerlo y ayudarlo en tan difíciles jornadas. No solo en lo legal y financiero, sino también en apuntalar su espíritu herido, maltrecho, estupefacto.
La partida de Gorostiaga no fue un trago fácil para usted, verdad?. Tuvo que desprenderse de infinitas cosas materiales y quizás también de algún sueño truncado, de alguna ilusión frustrada; si así fue, nunca lo dijo, nunca se quejó, al contrario, siempre mirando hacia adelante, siempre haciendo foco en el futuro. Toda la atención se iba a concentrar ahora en O´Higgings y Mendoza. Otra vez fue el tiempo de los arquitectos. Urgentes refacciones, ese iba a ser en adelante nuestro bunker. Y apareció su sencillo despacho, siempre con montañas de papeles y carpetas sobre el escritorio, su habitación modesta… y hasta un ascensor! La moderna tecnología suplantaba sus veloces y furtivas subidas al tercer piso en Zavalía 2048 “para ver qué pasaba” con los pesos pesados de la casa. Una nueva era comenzaba.
Y llegó la gran bisagra: 21 de marzo de 2010. Aquella cena perdurará en nuestras retinas, en nuestros oídos, en nuestros corazones, con tanta fuerza como impactó en el suyo. Hubo otra un poco antes. Fueron felices iniciativas de varios referentes “intermedios”: Arturo, Marcelo, Nolberto y otros. Con su persistencia “patearon el tablero”: consiguieron sacarlo de su Casa, Monseñor!, lo sentaron junto a muchos, nada menos que en un restaurante. Qué importante fue para usted toda esa movida! Aquel “Dale Cholo” del Cocha y Cocha lo resumió todo. Nos dimos cuenta que, más allá de lo que todavía podía haber por delante, eso era un punto de inflexión. Un decir “misión cumplida!”. Un gran desahogo. Un final pero al mismo tiempo un nuevo comienzo. Y no me equivoco si digo que unos cuantos empezamos a advertir que en algún momento la vida nos iba a reservar un protagonismo distinto, una actitud distinta, un compromiso muy fuerte.
Cómo le costó “aceptar” Internet, Monseñor. Cuando surgió la idea del blog como medio de comunicación, hubo que agradecer al Papa Benedicto un discurso donde decía, palabras más palabras menos, que los curas deben usar la Web para predicar. Claro que cada palabra, cada punto y cada coma pasaba por su reflexión, por su cuidado, por su prudencia. Se negaba rotundamente a aparecer en persona en el blog, y resulta que ahora me atrevo a desobedecerlo: acabo de linkear desde Youtube el video con sus palabras sentidas en el “Dale Cholo” del año pasado. No le gustaban esas cosas, decía que había que evitar “el culto a la personalidad”… pero estoy seguro que desde allá esta pequeña travesura también se la va a bancar. Nos quedó una asignatura pendiente: no alcanzó usted a ampliar la lista de mails, en medio de tanta información que manejaba. No se preocupe, ya buscaremos la forma de multiplicar los 229 actuales.
Y aquí estamos Monseñor. Se replican en nuestras mentes sus fugaces últimos momentos – la misericordia de Dios supo otorgarle un final breve- su partida, LA DESPEDIDA. Cuántos de nosotros a su lado, en cuerpo o en espíritu. En Moldes, en la Castrense, en Recoleta. Solo el “ruido” de un enorme silencio expresándolo todo. Las cabezas gachas… pensando, pensando, rebobinando. Cada uno sufrió LA DESPEDIDA dentro de su circunstancia personal. Era el “usted y cada uno” funcionando a toda máquina. Recuerdos, pesares, alegrías, cariño, todo se ha mezclado en nuestros corazones en esos días que finalizaron en el Panteón del Clero.
Y ahora estamos ante otro primero de Mayo, recordando a San José. Y usted que no va a estar!. Ya no funcionará a tiempo completo su teléfono, con tantas llamadas para congratular juntos nuestro aniversario preferido. Que también se producían en el otro San José del almanaque. Y cada uno que llamábamos quedábamos tocados por frases como “y vos que tuviste tanto que ver en todo esto”. Nos hacía sentir únicos, indispensables. Qué canchero, Monseñor, cosechando voluntades! Ya me imagino su respuesta, con esa sonrisita leve tan suya: “Y qué querés, son años!”.
La vida seguirá. Nuestras vidas seguirán. Nuestros nuevos residentes, nuestros hijos, nuestros nietos, comenzarán a escuchar anécdotas, relatos, testimonios… “yo estuve ahí…”, “él me dijo…” “te acordás cuando…” en fin, se irá agigantando una leyenda, y será en buena hora. Pero le parece que esto puede quedar así?. Usted no dijo acaso que había un nuevo comienzo? Entonces a ponerse las pilas. Es enorme el tesoro que usted nos deja, una sólida construcción de principios, de fe cristiana, de indisolubles lazos de amistad, y también de realidades materiales. Estará en nosotros, desde ahora solo en nosotros, recoger su legado y consolidar su Obra. San José nos va a ayudar, estoy seguro… y usted también desde los estrados de la Santidad. Adiós, hasta dentro de un rato, querido Monseñor.

Alfredo Pérez Alfaro

Cuando falleció nuestro querido y recordado Pancho Macaya –hace muy poco tiempo-, Monseñor se tomó varios días (sí, varios días) para redactar de su puño y letra su condolencia, oportunamente publicada en el blog. Allí podremos encontrar en toda su profundidad su pensamiento y su predisposición frente al tránsito a la eternidad:

Frente al dolor por la muerte de un muy querido amigo, dolor que experimentó Jesús frente a la tumba de su amigo Lázaro, como Perfecto Hombre, poco antes de resucitarlo como Perfecto Dios, nos conforta la oración de la liturgia exequial: "Creo que mi Redentor vive y que en el último día he de resucitar, y con mis ojos veré a mi SALVADOR".
A todos un afectuoso abrazo, reiterando nuestra profesión de fe: "Creo en la resurrección de los muertos y la vida eterna"; la vida eterna, que como nos ha dicho el Papa Juan Pablo I en la víspera de su sorpresiva muerte "Es la promesa más grande que nos ha hecho Cristo".
Monseñor Maglioco